Tras 96 años de vida, por la Galería Güemes han pasado variados personajes y sucedido todo tipo de acontecimientos, los que nos han dejado un sinfín de anécdotas.
He aquí una selección de las que creemos vale la pena compartir.
En el Mirador de la Galería Güemes funcionaba un binocular de gran tamaño, al que se le depositaban 25 centavos y se podía ver claramente la costa uruguaya. Los curiosos esperaban su turno para subir y desde allí contemplaban el crecimiento de la capital. Durante mucho tiempo fue el punto más alto del país hecho por el hombre.
Según Calvino, una ciudad es una suma de deseos, "un todo en el que ningún deseo se pierde", y sus habitantes perseguimos toda la vida esos deseos. Y así la Galería Güemes, en el comienzo de la calle Florida, era un territorio del deseo (en sus sótanos se abría un codiciado teatro de revistas) para un muy jóven Julio Florencio Cortázar quien, a comienzos de la década del treinta, tal vez se cruzaba sin saberlo con el aviador Antoine de Saint-Exupéry, inquilino de un departamento del sexto piso.
Saint-Exupéry, Saint-Ex, como lo llamaban sus compañeros, los ases de la Compañía Aeropostal, odiaba todas las ciudades (aunque gustaba de sus cielos y de las ciudades vistas desde el cielo) y especialmente detestaba Buenos Aires, donde estaba muy deprimido, y durante un tiempo su única compañía era un cachorro de foca que trajo del sur y que ocupaba la bañadera. Sin embargo, Saint-Ex, cuando partió de Buenos Aires, llevó consigo a la mujer amada (Consuelo Suncín, que aquí conoció) y un gran libro, ¨ Vuelo nocturno ¨ que luego serviría de guión de una reconocida película cinematográfica, que escribió en sus días en la Galería Güemes.
Cortázar, en su cuento " El otro cielo ", imaginó unidas las Galerías Güemes y la parisina Vivienne, para que en ambas circulara el mismo aire, el aire de la fantasía que respiran las dos ciudades de su vida. Si bien la Galería Güemes es considerada como uno de los símbolos de la calle Florida, pasará a la historia literaria gracias a este relato con el que cierra su obra "Todos los fuegos el fuego". El protagonista de ese cuento da una particular versión de la Galería. "Hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entre visión del pecado y las pasti-llas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas." "Mi novia, Irma, encuentra inexplicable que me guste vagar de noche por el centro o por los barrios del Sur, y si supiera de mi predilección por el Pasaje Güemes no dejaría de escandalizarse." Esto era lo que pensaba el corredor de Bolsa retratado por Julio Cortázar.
El teatro, donde actualmente se desarrolla el espectáculo internacional, Piazzolla Tango, funcionó como ¨ Burlesque ¨ durante mucho tiempo. Moira Star fue una de las vedettes más populares del lugar a inicios de los años setenta. Cuentan que cuando el público masculino no era el esperado Moira salía a pasear por los pasillos, con un atuendo más sugerente, con la excusa de comprar cigarrillos, alborotando al público y asegurando de esta manera la venta de más localidades.
En más de una revuelta política, la policía montada llegó a ingresar con sus caballos dentro de la Galería Güemes. Los cascos con herraduras de los animales y los pisos de una Galería no son buenos amigos y esto provocaba escenas coreográficas tragicómicas.
Los vidrios de una de las cúpulas fueron cambiados luego de ser despedazados por el cuerpo de una artista que se arrojó desde un piso superior.
En 1917, Bonafide abre un espacio destinado a la venta de café, instalándose la primera máquina tostadora, hecho inédito para la época. Al poco tiempo, habiendo ganado el corazón de la gente, ocupan un local de mayores dimensiones y a la venta de café le agregan caramelos.
La tradicional perfumería Ruiz y Roca, ocupa desde 1950 su lugar en la Galería Güemes. Una elegante y hermosa mujer llamada Helen, preparaba las más exquisitas fragancias de acuerdo al gusto y la personalidad del cliente. Desde esa época Ruiz y Roca (pionera en el ramo) ofrece las mejores fragancias. Mucha gente en la actualidad continúa identificando a la galería como: ¨ La Galería de los perfumes ¨.
El bar más tradicional de la Galería Güemes es Boston City, donde en sus comienzos sólo los hombre podían ingresar a tomar un café. En 2011 fue distinguido con la incorporación a la nómina de Bares Notables por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Hace unos 40 años se abrió en la Galería Güemes el primer local de la firma Havanna fuera de la ciudad de Mar del Plata. Actualmente continúa en uno de los locales con frente a la peatonal Florida.
Sellos Policilla está en la Galería desde 1932. Actualmente lleva adelante el negocio la nieta de Don Alfredo Policella. La cigarrería Ko´e´yu desde 1966 ofrece los mejores cigarros y habanos de la ciudad. Comenta su dueña que se ha formado una tradición familiar entre sus clientes y que hoy compran los nietos de aquellos primeros señores que encontraban aquí los mejores cigarros de Buenos Aires.